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Un encuentro que trae su peligro... [ROL Kizuato & Daypaw]

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Zarpa del Día llevaba casi un cuarto de luna deseando visitar su zona natal, desde el encuentro con su hermano en el combate contra los proscritos. Pero entre batallas, escaramuzas y hostilidades, se sentía incapaz de abandonar el Clan aunque solo fuera por un dia.
Afortunadamente la situación empezaba a parecer normal, o tan normal como podía ser, así que tras avisar a su mentor, se marchó en busca de hierbas (o de algo bastante distinto) a la zona de los Dos Patas.

Tardó un buen rato en llegar, pero al final lo consiguió, siendo recompensada con gran cantidad de recuerdos que afloraban a su mente. Ella pertenecía al Clan del Trueno, pero no podría olvidar su infancia, sus hermanos y hermanas, lo duro que era vivir en la calle, la libertad de vivir fuera de las reglas.

La gata atigrada se detuvo unos instantes, intentando reconocer la propia esencia del lugar, ajena a que estaba siendo observada.

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Hacían ya varias lunas de la batalla entre los clanes y los proscritos... y del nuevo plan de Kizuato. Pero derrotar a SnowStar sería imposible con sólo tres ayudantes, eso estaba claro...
Se encontraba el proscrito conocido como Kizuato paseando cerca de las viviendas de los Dos Patas cuando desvió su mirada al bosque y observó atentamente cómo una gata atigrada salía de éste. La observó con cautela, deleitándose con su bella figura. Tardó bastante en reunir energías para acercarse a ella con la cabeza alta, demostrando fuerza pero sin dar muestras de amenaza.
-Vaya...- Maulló. Enseguida pudo reconocer en ella el olor del Clan del Trueno.- ¿Qué pinta una gata de clan como tú en un lugar lleno de Dos Patas?
Mientras hablaba sus ojos se tornaban fríos, aunque su tono era amable a la vez.

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Daypaw percibió un gato acercándose y frunció un instante los bigotes, tratando de reconocerlo. Su olor le sonaba mucho y no tardó en reconocerlo como uno de aquellos que lucharon en la batalla contra los Clanes. La aprendiza de curandera se cuidó de erizar el pelaje, tratando de evitar una pelea. El otro gato tampoco parecía amenazante, así que Zarpa del Día se preguntó qué decir.
-He venido en busca de alguien. -Respondió, sin revelar demasiado.

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-¿Buscando a alguien?- repitió el proscrito, extrañado.
Sus ojos se pasearon por el lustroso pelaje de la gata, y soltó un pequeño aunque profundo ronroneo al observar sus ojos.
Se sentó enroscando la cola en las patas y soportando en continuo dolor de su torcida espalda, pero no dijo nada. Simplemente continuó observando a la gata fijamente a los ojos, perdiéndose en ellos y devolviéndole a ella una mirada rígida aunque cálida.
-¿Y no podrías decirme a quién buscas? Quizá yo te pueda ayudar a encontrarlo.- propuso.

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El porte del gato con el que se acababa de encontrar le traía a Zarpa del Día un millón de recuerdos de tiempos pasados, de gatos con el mismo toque altivo y educado que, demasiado tentados, estaban dispuestos a atacar.
Todo eso, aun así, no le evitó sentirse ligeramente incómoda al notar la mirada del otro gato en sus ojos, sentía como si quisiera averiguar si mentía o no. Quizás se estaba volviendo paranoica.
-Sé donde voy, y a quien busco, no es la primera vez que los visito. Pero te agradezco la ayuda. -Le respondió, educada y amable. Esbozó un ligero ronroneo de disculpa, pensando rápido. -De hecho, yo me crié aquí. -Confesó. -Conozco la zona bien.

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La respuesta de la gata del Clan del Trueno desconcertó en cierto modo a Kizuato. ¿Significaba eso que había sido solitaria? ¿O proscrita? ¿Una minina casera, tal vez?
Esas preguntas lo martilleaban constantemente, pero no quiso hacerla sentir mal, así que se procuró abstenerse de preguntar.
-¿Cómo te llamas?-improvisó-.A mí se me conoce como Kizuato.
Agitó las orejas, curioso. Los profundos ojos de aquella gata desvelaban mucho. Por ejemplo, que tenía muchos secretos. Más de los que ella misma conocía, seguramente.
El proscrito sintió un sabor amargo, pensando en que la gata era del bando enemigo: los Clanes.
Aún así, apartó rápidamente esos pensamientos y aguardó a una respuesta.

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Daypaw pudo perfectamente distinguir que su afirmación de ser una veterana de la zona había desconcertado al otro gato. No era habitual que los gatos del Clan hubiesen vivido allí. Y sin embargo, cuando el proscrito se presentó, le tocó sorprenderse a ella. -Soy Zarpa del Día. -Le dijo, desconfiada. Regalarle su nombre antiguo podía permitirle investigar mucho. Y sin embargo, tras pensarlo bien, llegó a la conclusión que su familia se podía cuidar solita.-Aunque antes me llamaban Irial.

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-Irial...
Esa mágica canción que su antiguo nombre susurraba hizo que Kizuato sintiera un hormigueo en las patas, y un cosquilleo en la columna.
Su otro nombre, DayPaw o Zarpa del Día le traía recuerdos a Kizuato, de cuando él también era un aprendiz.
-No quisiera molestarte más, Zarpa del Día.-maulló muy a su pesar.
No quería irse tan pronto, pero supuso que interrumpir a la gata en una visita secreta de esa manera podía resultar... inapropiado. Decidió dejarla en aquel momento, pero creía firmemente que se volverían a encontrar.

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Pese a la forma de repetir su nombre, Kizuato poco después anunció que quería retirarse. Daypaw, educada, bajó la cabeza con respeto en un movimiento parecido a un asentimiento, antes de despedirse.
-No ha sido una molesta. Hasta que nos volvamos a encontrar, Kizuato. -Respondió, antes de seguir adelante. El gato era un tipo extraño, pero inusual. Zarpa del Día tenía la impresión de que sus destinos acabarían por cruzarse de nuevo.

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